Angel M. Ramírez

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El difícil arte de observar

El difícil arte de observar

Fruto de una promoción, que emerge en la década de los  ochenta, y que sintió la necesidad de negar a sus predecesores;  beligerante, observadora y crítica por naturaleza, iniciadora de la más drástica renovación en el arte cubano de post revolución; una generación que no veía en las grandes concentraciones, en el hiperrealismo o en las masas, su foco de interés; que comenzó a consumir, algo tardíamente, los nuevos conceptos estéticos de la época y que desechó por completo los temas idílicos con que se alimentaba el discurso de las producciones de los años sesenta y setenta en Cuba;  Ángel Ramírez desarrolla una obra que desde sus inicios se basa en una aguda e incisiva capacidad de observación, y que descubrió en la cotidianeidad, en el hombre mismo, la materia prima para su producción.

En sus inicios grabador, produce, justo en 1980, una serie de calcografías donde ya pone sobre la mesa su sentido del humor e ironía como herramientas de creación y a la sociedad como vehículo expresivo. Algunos de estos trabajos fueron, “Perro que ladra no muerde”, “Perro no come perro”, y “A otro perro con ese hueso”. Luego aparecieron las series Cuentos de Ada mi vecina, Cuentos de Ada con censura, San Jorge y el Dragón y Martirologio periquirúrgico, entre otras. Treinta años de trabajo y evolución sistemática dentro de una obra que muta al ritmo de su contexto.

Atento a los fenómenos de la sociedad contemporánea y fiel a su pasado, “Fragilidad capilar”, dentro de la serie Cabezas de Familia, da continuidad a una obra que ha permanecido en constante movimiento; desde los presupuestos ideo-estéticos, hasta los soportes y soluciones formales. Comprometido con su tiempo, y consciente de esto, como es característico en toda su obra anterior, encuentra en esta serie otra forma de abordar las fisuras de su entorno, de convertir la cotidianeidad en universalidad, de evidenciar que el más pequeño y particular drama personal, que pareciera mundano, y que lo es en muchos casos,  se convierte, por acumulación, en el drama del hombre contemporáneo. La “cabeza que rueda”, la que es “entregada”, la que se “sacrifica”, la que “manda y decide” sobre el destino y uso de las otras, la que “no ve”, son el reflejo de una sociedad enfrentada a sí misma, fatigada y conscientemente agónica; actual y disfuncional.

En el desarrollo de las sociedades cada momento es diferente, reclama determinadas prioridades y exacerba eventos muy particulares. Es una característica muy entrenada en Ángel Ramírez su capacidad para ubicarlas y “describirlas”. La serie Cabezas de Familia, es eso, un nuevo giro, otro momento.

Varias obras componen esta muestra. Muy bien resuelta desde todos los puntos de vista, “Fragilidad capilar”, que le da título, se convierte en una de las piezas de imprescindible referencia. Importante dentro del conjunto, por su fuerza visual y sobriedad cromática y conceptual, es una alusión directa al carácter efímero que marca desde la propia vida, hasta las “posiciones sociales y de poder”, la “autoridad”, la “felicidad”, etc.  Convierte al hombre en una coyuntura, a la fragilidad en una categoría inherente a su existencia, y es esta, a mi modo de ver, una de las ideas de mayor peso, por el protagonismo que ocupa en la sociedad contemporánea. Así mismo, piezas como “Punto de vista”, “Su nube”, “Cabeza de cabeza”, y “Marco histórico”, entre otras, forman parte de una muestra que propone diferentes niveles intertextuales a través de soluciones como la pintura, el grabado, el objeto; y la utilización del texto y el reciclaje de desechos, tendencias estas presentes hace ya algunos años en la obra de este artista.

En su serie San Jorge y el Dragón, Ángel intenta ubicar la delgada y antigua frontera entre el bien y el mal. Hurga, otra vez, en lo cotidiano, porque ahí es donde único encuentra al hombre verdadero, el único drama que le es auténtico. En la antigua leyenda medieval, las fronteras entre el bien y el mal, aunque borrosas, eran palpables, o al menos elegibles. Con su serie de cabezas queda completamente oculta, lo que fue palpable porque formaba parte del concepto, es ahora absolutamente abstracto, lo que fue una de las más antiguas luchas, es aquí ininteligible. El planteo ahora, porque no existe la diferencia, es el drama de la imposibilidad de la elección.

Con Cabezas de familia, Ángel explora los límites de resistencia del hombre contemporáneo, fruto de una obra alimentada por la observación atenta de su entorno, testimonio palpitante de su contexto. Es esta una muestra donde, como en las series anteriores, los recursos estéticos descansan sobre los presupuestos conceptuales. Estamos ante una obra en la que de forma general, y a través de los años,  los volúmenes, formas y trazos portan el contenido de su tiempo

Alejandro Machado
Apuntes a  propósito de la muestra Fragilidad capilar, de la serie Cabezas de Familia.

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